Aquí pasamos los dos últimos días del viaje con la sensación de que nos quedaba mucho por descubrir. Yo estaba deseando pasear por la ciudad y disfrutar de todo aquello que había leído y escuchado sobre Marrakech. Ver el Minarete de Kotubia de estilo hispano-morisco, obra maestra del siglo XII y que sirvió de fuente de inspiración para los constructores de la Giralda de Sevilla. Pero había mucho más que ver, Las Tumbasa Saadianas, El Palacio de Bahía, la imperdible Plaza de Jemaa el F´naa Patrimonio de la Humanidad por la Unesco como "obra del patrimonio oral e inmaterial de la humanidad".
Llegar a la plaza de Marrakech produce asombro, sobre todo a la hora del atardecer ya casi de noche. De repente te ves como inmerso en un mundo totalmente desconocido y con la sensación de no saber por dónde empezar ni a dónde mirar. Ante nuestros ojos se abre una gran plaza convertida en mercado. Un continuo trasiego de ir venir de gente en continuo movimiento tanto nativos como curiosos y turistas además los dueños de los puestos. Vendedores ofreciendo sus artículos, tenderetes, puestos de frutas y zumos, músicos ambulantes, pero pasados los primeros apuros te das cuenta que a pesar de esta sensación de caos todo tiene un orden y este ritual se repite día a día desde cientos de años.
Alrededor de la plaza hay cientos de bares con terraza donde se ofrece una vista de la totalidad de la plaza. De hecho hice las fotos de noche desde una de ellas. No me atreví a cenar ni degustar nada, a pesar de que nos indicaron que la comida no estaba nada mal y los precios muy razonables.
Al día siguiente fuimos pronto para visitar el zoco y el ambiente era totalmente diferente, más tranquilo, menos ruido y movimiento y con otro tipo de espectáculos por la tarde.
Durante el día nos hemos encontrado con monos, encantadores de serpientes, dentistas o mejor dicho sacamuelas mostrando sus piezas extraídas. Eso si cobran por hacerles fotos. El negocio es el negocio. Hay puestos de zumos de fruta, especies etc.
Dentista
Cobras
Aguadores
Aguadores
Frutos secos
El Minarete La Kotubia desde la Plaza
El Minarete de Kotubia
Decir que La Koutoubia es Marrakech lo que la Estatua de la Libertad es de Nueva York y la Torre Eiffel es a París, no es descubrir nada nuevo. Es uno de los edificios más visitados de Marrakech y el más representativo del arte almohade de la ciudad, aunque está prohibida la entrada a toda persona que no sea musulmán.
Fue construida en el siglo XII durante el reinado del sultán Abd al-Mumin perteneciente a la dinastía almohade. Alrededor de ella se instalaron numerosos mercaderes de manuscritos por lo cual la mezquita tomó el nombre de Koutoubia que significa (mezquita de los libreros) (kutub:libro en árabe).
Tiene 12,8m de lado y 77 metros de altura ,el minarete tiene una decoración diferente en cada cara,combinando adornos florales con entrelazados en relieve que intercalan pinturas, bandas de azulejos u arcadas.
El minarete está rematado por cuatro bolas doradas superpuestas y de tamaño decreciente, la más grande de 2m de diámetro.
Nos comentó el guía que en origen solo había tres bolas que representaban los mundos terrestre, celestial y espiritual. La cuarta bola habría sido una donación de una de las esposas del sultán
Yaqub el-Mansur de quien se dice que fundió sus joyas de oro para realizarla como penitencia por haber roto el ayuno del Ramadán comiendo tres uvas.


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